Antes de que el Árbol Áureo existiera, antes de que Marika llegara al poder, hubo otra era en las Tierras Intermedias, con otro dios. Placidusax era el Señor Dragón de esa era, el ser más poderoso de su tiempo, con múltiples cabezas de dragón que reflejaban su grandeza divina.
El dios que Placidusax servía desapareció: nadie sabe si fue derrotado, si se marchó o si simplemente dejó de existir. Pero Placidusax no se rindió. Se retiró a las ruinas de Farum Azula, que flotan fuera del tiempo normal, y esperó. Durante miles de años, esperó el regreso de su dios.
Cuando el Sinluz le encuentra, Placidusax está encorvado en su isla flotante, con sus cabezas caídas en una postura que parece pena o meditación profunda. Al ser despertado, pelea con la furia de un dios cuya era terminó hace milenios, lanzando relámpagos y destellos dorados de poder ancestral.


