Fia pertenece al linaje de las Doncellas de Lecho, mujeres que desde tiempos inmemoriales ofrecían sus cuerpos como receptáculo para los recuerdos y calor vital de los moribundos. Su función era preservar ese calor para dárselo a los cadáveres, pero en las Tierras Intermedias, donde la muerte verdadera fue proscrita, esta práctica fue considerada una herejía.
En la Mesa Redonda, Fia ofrece sus abrazos a los Sinluz de forma aparentemente inocente: quien la deja abrazar recibe el efecto de calor, pero también una ligera reducción de su máxima de salud. Este intercambio tiene un propósito oculto: Fia recolecta el calor de los vivos para destinarlo a su verdadero objetivo.



