Rykard fue, desde joven, el más irreverente de los hijos de Radagón y Rennala. Donde Radahn admiraba el poder bruto y Ranni planificaba con frialdad, Rykard resentía la Orden Dorada y su hipocresía. Tras la Fragmentación, Rykard tomó la decisión más radical de todos los semidioses: abandonó su forma humana por completo, permitiendo que el Dios Devorador de Serpientes que habitaba en las entrañas del volcán le devorara y fusionara con él.
Esta fusión no fue una derrota: fue una elección. Rykard sacrificó su humanidad para obtener el poder de una divinidad antigua, y en su nuevo estado como Serpiente Dios, su ambición creció hasta proporciones cósmicas.




